

El tejido hidrófugo se ha convertido en un elemento clave en el diseño de ropa laboral, calzado y accesorios para entornos donde la humedad está presente. Gracias a sus propiedades, permite mantener el cuerpo seco sin perder comodidad ni movilidad. En este artículo descubrirás cómo funciona este tipo de tejido, en qué se diferencia del impermeable y por qué puede marcar la diferencia en tu día a día laboral.
Un tejido hidrófugo es aquel que ha sido tratado para repeler el agua superficialmente. A diferencia de los tejidos impermeables, no bloquea completamente el paso del agua, sino que evita que esta se absorba en el material. Esto significa que las gotas se deslizan por la superficie sin penetrarla, ofreciendo protección ligera frente a la humedad.
Entre sus propiedades destacan la resistencia al agua superficial, la ligereza, la transpirabilidad y la versatilidad de uso en diferentes prendas y condiciones climáticas.
Los tejidos hidrófugos se obtienen mediante tratamientos químicos o acabados especiales que se aplican sobre fibras como el poliéster, el algodón o el nylon. Estos acabados crean una capa que modifica la tensión superficial del material, provocando que el agua forme gotas que ruedan y no se absorban.
A diferencia de los materiales impermeables, no incluyen membranas selladas o recubrimientos gruesos, lo que permite una mayor comodidad y flexibilidad durante el uso.
Mientras que el tejido hidrófugo resiste salpicaduras y lluvias ligeras, el impermeable ofrece una barrera total contra el agua, incluso en situaciones de inmersión. La diferencia clave está en el nivel de protección y el tiempo que puede mantenerse seco el usuario.
El tejido hidrófugo destaca por ser más transpirable y cómodo en actividades prolongadas, ya que permite la salida del vapor corporal. Por el contrario, muchos materiales impermeables, aunque muy eficaces contra el agua, resultan pesados y menos transpirables, lo que puede generar acumulación de sudor y malestar.
En cuanto a durabilidad, los tejidos hidrófugos requieren mantenimiento para conservar su eficacia, mientras que los impermeables suelen mantener su resistencia por más tiempo en condiciones extremas.
Si trabajas en exteriores con exposición ocasional a la humedad, el tejido hidrófugo es una opción práctica y ligera. Es ideal para profesiones como reparto, jardinería, mantenimiento urbano o logística. En cambio, si te enfrentas a lluvias intensas, trabajos en zonas encharcadas o entornos industriales severos, lo más adecuado será un tejido impermeable.
Las chaquetas, pantalones y parkas con tejido hidrófugo son esenciales para quienes trabajan al aire libre. Protegen frente a la lluvia ligera sin sacrificar libertad de movimiento ni transpiración. Son muy utilizados en sectores como la construcción, jardinería o servicios municipales.
Muchos zapatos y botas de seguridad incorporan materiales hidrófugos en su parte superior para evitar la entrada de agua. Este tipo de calzado es perfecto para entornos de trabajo donde se pisan superficies mojadas o existe riesgo de salpicaduras.
Más allá del ámbito profesional, el tejido hidrófugo se aplica en prendas deportivas, mochilas, cortavientos y otros complementos diseñados para actividades al aire libre. Su equilibrio entre protección y comodidad lo hace popular entre senderistas, ciclistas y aficionados al trekking.
Trabajar con ropa o calzado húmedo no solo es incómodo, también aumenta el riesgo de resbalones, enfriamientos o irritaciones cutáneas. El tejido hidrófugo minimiza estos riesgos al mantener el cuerpo seco y favorecer la libertad de movimiento en condiciones variables.
Las prendas que repelen el agua tienen una vida útil más larga, ya que no absorben la humedad que acelera el desgaste de las fibras. Esto se traduce en una inversión más eficiente para empresas y profesionales que requieren equipamiento de calidad y larga duración.
Para asegurarte de que estás adquiriendo un producto fiable, es importante buscar certificaciones como la norma EN ISO 13688 o estándares específicos para ropa laboral. Además, algunos fabricantes indican en las etiquetas el nivel de resistencia al agua mediante pruebas estandarizadas.
Antes de comprar, valora el tipo de exposición a la que estarás sometido. Comprueba si el tratamiento hidrófugo es duradero, si la prenda mantiene la transpirabilidad y si el diseño está pensado para facilitar la movilidad. En el caso del calzado, asegúrate de que la suela también ofrece agarre antideslizante y que el interior esté protegido contra la humedad.
El tejido hidrófugo es una solución eficaz para quienes necesitan protección frente al agua sin renunciar a la comodidad. Si tu trabajo implica exposición ocasional a la humedad y valoras la transpirabilidad y ligereza, este material puede ser tu mejor aliado. Evaluar tus necesidades concretas es la clave para acertar.
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